Cómo tratar las ÚLCERAS DE DECÚBITO


Uno de los mayores problemas al que nos enfrentamos cuando tenemos un animal postrado debido a problemas de movilidad, son las ÚLCERAS DE DECÚBITO, también llamadas ÚLCERAS POR PRESIÓN.


Como su nombre indica, se producen como resultado de una presión prolongada sobre prominencias óseas del animal. Dicha presión ocasiona un trastorno sobre la irrigación sanguínea y la nutrición del tejido, siendo común en animales que pasan demasiado tiempo en la misma posición, por su problema de movilidad reducida.


Suelen comenzar con un eritema en la piel, y la aparición de zonas húmedas. En este momento, el primer paso que debemos dar consiste en rapar bien el pelo del perímetro afectado, dejándolo lo más corto posible, con el fin de mantenerlo seco y limpio. El pelo mantiene la humedad y agrava el problema al reblandecer y debilitar el tejido. Por ello también es aconsejable el uso de empapadores en el caso de incontinencia urinaria que cambiaremos con frecuencia. El uso de pañales sólo se aconseja por cortos periodos de tiempo, ya que la piel debe transpirar correctamente. Recuerda, el objetivo es mantener la zona siempre limpia y seca.


La evolución tras esta primera fase, es que se pierde realmente la dermis. Se desprende el trozo de piel, se producen costras que vuelven a caer y son heridas que cuesta mucho cerrar. Si este proceso continúa aparece necrosis de la zona, muerte celular y se va haciendo una úlcera que puede llegar incluso hasta el hueso. A este nivel, debemos recurrir a productos que nos ayuden a regenerar tejido y evitar infecciones. La Sangre de Drago, el Aloe vera, el Linitul o Tulgrasum en apósitos, son algunos de los productos que se pueden utilizar sin problema. En el caso de úlceras muy avanzadas, recurriremos a la miel de abejas como principal regenerador. Veremos crecer el tejido rápidamente y evitaremos infecciones. Si la herida está demasiado húmeda, podemos recurrir a algún tipo de polvo secante natural como la Blastoestimulina en polvo, que combinaremos con los otros productos regeneradores.


La úlcera debe mantenerse limpia, seca y haremos curas 3 veces por día, limpiando la herida cada vez con una esponja suave, agua y jabón, y secando muy bien con un paño limpio, antes de aplicar los productos que van a ayudar a regenerar. El tejido muerto y las costras debemos eliminarlos para mantener la asepsia. Posteriormente, habrá que amortiguar la úlcera con un puñado de gasas y un poco de esparadrapo, evitando así una mayor presión en la zona afectada, y teniendo siempre en cuenta renovar los apósitos cada vez que realicemos la cura. Si la herida no va a estar en contacto con el suelo, es mejor dejar que se airee. El ozono también ayudará a cerrar heridas rebeldes. Para esto deberás recurrir a veterinarios que utilicen esta técnica.


Para evitar el estancamiento circulatorio que acelerará la aparición de estas heridas, es importante cambiar al animal de lado y posición con frecuencia para no presionar siempre sobre la misma zona y permitir la regeneración de tejido. Podemos recurrir a la cinesiterapia pasiva y hacer ejercicios de rehabilitación que activarán la circulación. Si no sabemos cómo hacerlos acudiremos a un fisioterapeuta animal que nos explique cómo realizar estos ejercicios.


También existen unos colchones “antiescaras” que llevan un mecanismo de aire en movimiento que favorece y activa la circulación sanguínea y también evita la presión. Su precio es elevado, pero son un recurso a tener en cuenta.


Casi en ningún caso está indicada la aplicación de antibiótico vía oral que destruiría su flora intestinal y bajaría sus defensas. Suelen ser zonas localizadas que con una buena higiene y los cuidados precisos se solucionan. En casos graves purulentos podremos usar pomadas con antibiótico como la Blastoestimulina, o la miel que no permite el crecimiento de ningún patógeno, os sorprenderán.


Aún así, este tipo de heridas deben estar siempre controladas por tu veterinario. Las curas las harás tú en casa, pero es él el que debe indicarte lo que hacer en cada caso.


El Nahual

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