Valiente

Esta gatita tan pequeña, con esos ojos azules tan grandes, nos robó el corazón.

Melissa es una gatita que apareció en los alrededores de un supermercado, con otros gatos, ninguno bebé como era ella, y los adultos la dejaban atrás. Ella se aferraba a seguirlos porque eran su única familia. Con paciencia una chica logró rescatarla, ya que era demasiado indefensa para estar en la calle y no había rastro de su mamá o hermanos.

 Nos la trajeron para comprobar que estuviera sana y darla en adopción. No llegaba a dos meses de edad y estaba delgadita. Pero esa gatita blanca de azules ojos empezó con una gastroenteritis brutal para un bebé. Vómitos y diarreas la deshidrataron rápidamente. No ronroneaba al acariciarla.

No bebía, no comía nada de lo que le ofrecíamos, no se movía. Estaba con suero y tratamiento y aún así seguía deshidratándose. Había que luchar para darle de comer con jeringa y que recuperara algo de fuerza. Como último recurso se la sondó por la nariz para alimentarla. Se estaba dejando ir, nada la sujetaba a este mundo. Era huesos y pellejo. Decidimos que pasara lo que pasara la adoptábamos en ese mismo momento. Mi mujer miró a la bebita y le dijo: " ya tienes mamá ", le miró y se movió para empezar a comer pienso de su plato. Fué un momento indescriptible. Comió tres granitos y paró. Era su primera comida en 4 días.

Cuando empezó a comer más y recuperarse, observamos que no se dejaba manipular, huía, sentía miedo del humano. Era salvaje. Una alumna de los cursos de El Nahual, Ana Redondo, se ofreció a realizarle sesiones de craneosacral y de Reiki. Vió que a pesar de estar recuperándose, estaba seca, sus riñones estaban globosos y sin fuerza y el hígado había sufrido mucho, demasiado por la inanición. Todo esto entre gruñidos, bufidos e intentos de huir. Según Ana había aprendido en Medicina China, ese hígado provocaba su mal genio. Durante la segunda sesión con Ana logró soltar el hígado de la adherencia que estaba sufriendo con el diafragma y quedó libre. Su movimiento se normalizó y comenzó a funcionar. Inmediatamente Melisa dejó de luchar y se quedó dormida en brazos de Ana mientras continuó la sesión de craneosacral y Reiki. Al despertar estaba tan tranquila que parecía otra. Al acercarme no huyó. Pero la mayor sorpresa fue que al acariciarla ronroneó. Jamás pensé que volveríamos a oir su maravilloso motorcito. Ahora está estupenda y aunque no es muy mimosa, sí nos permite acariciarla, darle besos, cogerla en brazos… Te queremos bebé.