Las espigas y nuestros animales




Muchas gramíneas y cereales recubren su semilla de una vaina dura y alargada para protegerlas. A este conjunto lo llamamos espiga y están ampliamente diseminadas por cualquier zona de paseo en la que haya vegetación, ya sea urbana, campo o montaña.

Su peculiar forma en pico, afilada y terminada en punta, unido a que su superficie está recubierta por una especie de ganchos casi microscópicos, propician que las espigas queden atrapadas en cualquier parte, en el pelo de los animales y en la vestimenta de las personas. Esta es una estrategia para facilitar su diseminación y proliferación.


A esto debemos añadir un dato muy importante y es que esa forma de arpón o paraguas hace que según se va clavando en alguna superficie, no hay posibilidad de retroceder sin rasgar el material en el que se clava, lo que favorece que se inserten cada vez más pero hace muy complicada su extracción. Es por esto que se deben tomar una serie de precauciones a la hora de intentar extraer una espiga clavada.


En primavera, cuando la planta está en pleno crecimiento y verde, son tiernas, están todavía unidas a la planta y no suelen presentar mayor problema. Sin embargo, en el momento en el que el calor las seca, las vainas se vuelven amarillas, se sueltan con el viento o con el roce y tienen gran facilidad de adherirse a cualquier superficie. Este es el momento en el que se pueden volver peligrosas y causar algún trastorno a nuestro animal. Además, hay que tener en cuenta que las espigas duran todo el verano, por lo que deberemos tener precauciones durante varios meses.